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San Jorge Patrono de Aragón
La Junta Directiva
Fiesta de San Jorge 23 de abril de 2001

F. Javier Duplá s.j.

San Jorge fue un santo muy popular en la Edad Media, especialmente en la época de expansión del Reino de Aragón bajo el reinado de Jaime I el Conquistador, quien fue muy devoto del santo. Consulté en la Enciclopedia Espasa y en Internet para traerles a ustedes algunos datos interesantes, tanto sobre San Jorge como sobre Jaime I el Conquistador. Esto es lo que obtuve y se lo ofrezco en resumen:
El nombre de Jorge viene del griego y significa: "agricultor, que trabaja en la tierra". A pesar de la popularidad de San Jorge, se conocen muy pocos datos de él, y casi todas sus noticias se basan en leyendas y tradiciones que han pasado de boca en boca a lo largo de los siglos. Todos los historiadores y escritores de libros de santos, suelen coincidir en que fue un soldado romano, nacido en el siglo III en Capadocia (Turquía) y que falleció a principios del IV, probablemente en la ciudad de Lydda, la actual Lod de Israel. Sus padres, según la tradición, eran labradores y tenían mucho dinero. En otras versiones de la historia de San Jorge, se nos dice que su padre era militar y que por ese motivo su hijo quiso seguir sus pasos. 
“Mucho se ha escrito sobre este gran mártir, como lo llaman en Oriente; pero su historia, según la frase de uno de los bolandistas, es una de las más oscuras de la hagiografía. Ya en las más antiguas actas del santo lo llena todo la leyenda, donde se le atribuyen los milagros más estupendos. La Legenda aurea consumó la obra de la leyenda aportando nuevas narraciones siempre más concretas y detalladas, como la del famoso combate del santo caballero con el dragón. Que fue mártir de Cristo: he aquí cuanto puede afirmarse con certeza de San Jorge, a pesar de la antigüedad de su culto y de su gran celebridad tanto en Oriente como en Occidente. Desde los tiempos más remotos tenemos escritores que nos hablan de la veneración en que se le tenía. En Lydda, la Dióspolis de los grecorromanos, según parece, fue realmente martirizado, donde se levantó en tiempo de Justiniano una basílica sobre su sepulcro, que atrajo durante muchos siglos a los peregrinos. Del Oriente vino su culto al Occidente. En la Edad Media vino a ser el santo popular por excelencia. Sus reliquias, dicen los historiadores de aquella época, fueron llevadas a todas las ciudades de la cristiandad: el santo caballero era invocado por los ejércitos cristianos. Ricardo I de Inglaterra y nuestro don Jaime y otros muchos, poníanse bajo su protección en sus luchas contra los enemigos del nombre cristiano; órdenes militares dedicábanse a su nombre; se levantaban templos en su honor; su fiesta era celebrada en todas partes con gran solemnidad. En Cataluña desde muy antiguo se le honra con especial devoción”.
(Enciclopedia ESPASA-CALPE, tomo 28, primera parte, p. 2.886).

La pasión y martirio de San Jorge nos la cuenta Santiago de la Vorágine en la “Leyenda dorada”, obra del siglo XIII:
Por aquel tiempo, siendo emperadores Diocleciano y Maximiano, el gobernador Daciano desencadenó una horrorosa persecución contra la Iglesia, con tal saña que en cosa de un mes fueron martirizados diecisiete mil cristianos; y no se produjeron más víctimas porque muchos de los perseguidos, vencidos por las torturas, renegaron de Cristo y consintieron en ofrecer sacrificios a los ídolos. 
Dícese que san Jorge, interiormente afligido por el espectáculo de aquellas matanzas y por las defecciones que entre los fieles se producían, renunció a su carrera política y militar, distribuyó sus bienes entre los pobres y, vistiéndose como solían vestir en aquella época los cristianos, se echó a la calle y empezó a predicar a las multitudes repitiendo frases como éstas: "Los dioses de los paganos son verdaderos demonios. El único Dios auténtico es el que creó el cielo y la tierra".
El gobernador, al enterarse de esto, llamó al predicador y le preguntó:
-¿Con qué derecho llamas demonios a nuestros dioses? ¿Quién eres tú? ¿De dónde eres? ¿En nombre de quién dices lo que por ahí andas diciendo?
El santo le respondió:
-Me llamo Jorge; soy de Capadocia; pertenezco a una familia de noble abolengo. He sido militar; con la ayuda de Cristo conquisté las tierras de Palestina; pero he renunciado al señorío que me fue reconocido sobre ellas, a mis títulos y cargos y a mi oficio y a todos los bienes que poseía para sin trabas de honores y de riquezas, servir directamente al Dios del cielo.
El gobernador trató de hacerle ver la conveniencia de que renunciara a su fe, mas al no conseguirlo ordenó que le dieran los siguientes tormentos: que le ataran a un potro, que le rasgaran las carnes con garfios de hierro, que le aplicaran teas encendidas a sus costados, que le quemaran las entrañas tras ponerlas al descubierto y que le restregaran con sal todo su cuerpo llagado.
Después de haberle torturado tan atrozmente durante todo el día, al llegar la noche el Señor rodeado de vivísima claridad se apareció al mártir, lo consoló con dulcísimas palabras, y lo dejó tan confortado que a Jorge le pareció que cuanto había padecido a lo largo de la jornada carecía enteramente de importancia.
En vista de que con amenazas y torturas no conseguía nada, Daciano cambió de táctica e intentó probar fortuna recurriendo al procedimiento de los halagos y de las promesas.
-Jorge, hijo mío, -díjole el gobernador- ya ves cuán buenos son nuestros dioses contigo; blasfemas de ellos y no sólo no se enfadan, sino que pacientemente soportan tus ataques y se muestran dispuestos a perdonar tus injurias si te conviertes a nuestra religión. Yo creo, amadísimo hijo, que debes hacer lo que te aconsejo; abandona esas supersticiones cristianas y da culto a nuestros ídolos; no te pesará, porque ellos y yo te colmaremos de honores.
Jorge, sonriendo, le contestó:
-¿Por qué en vez de ensañarte conmigo torturándome despiadadamente, no me dijiste estas cosas desde el principio? Por aquí debieras haber empezado. Esto ya está mejor. Aquí me tienes, dispuesto a hacer lo que me propones.
Daciano no se dio cuenta de la ironía que implicaba tal respuesta, y, rebosando de alegría, mandó publicar un pregón, convocando al público para que asistiera a los sacrificios que Jorge, depuesta su actitud anterior de obstinación, ofrecería por fin en honor de los ídolos. Mandó el gobernador que la ciudad fuese engalanada. El día previsto para el gran acontecimiento, la multitud, curiosa, alegre y expectante, abarrotó el templo en que Jorge iba a adorar públicamente a los dioses. A la hora convenida Jorge entró en el recinto, se arrodilló y pidió interiormente al Señor que, por el honor debido a su santo nombre y para favorecer la conversión del pueblo, se dignara destruir aquel edificio y las imágenes de los ídolos, de manera que no quedara el menor vestigio ni del templo ni de las estatuas idolátricas que en él había. Nada más acabar su oración descendió del cielo una ráfaga de fuego tan potente que en un abrir y cerrar de ojos redujo a cenizas el templo, las imágenes y hasta las personas de los sacerdotes paganos que promovían la idolatría. Después, en un segundo momento, la tierra se abrió, engulló los montones de cenizas, y se cerró de nuevo.
Daciano, enterado de lo ocurrido, hizo comparecer ante sí a Jorge y le dijo:
-Eres el más abominable de los hombres. ¿Cómo es posible que tu malicia haya llegado hasta el extremo de cometer un crimen tan horrible?
Jorge le respondió:
-¡Señor y rey! No me juzgues tan severamente. Ven conmigo y verás cómo ofrezco sacrificios.
-No lograrás engañarme de nuevo,- contestó Daciano-. Ya sé lo que pretendes; quieres que te acompañe para que la tierra me trague también a mí como tragó al templo y a las imágenes de mis dioses.
Entonces Jorge le increpó de esta manera:
-¡Dime, miserable, dime! ¿Cómo podrán ayudarte esos dioses que no pudieron ayudarse a sí mismos?
A este diálogo asistía Alejandra, esposa de Daciano. Presa de incontenible indignación, éste, volviéndose hacia ella, exclamó:
-¡Oh esposa mía! Es tanta la rabia que siento al ver que este hombre me ha vencido, que creo que voy a morir de despecho.
Alejandra le respondió:
-No me extrañaría nada, ¡oh tirano, cruel! ¿No te dije infinidad de veces que dejaras de perseguir a los cristianos? ¿No te he advertido insistentemente que estos hombres cuentan con la protección de su Dios? Pues ahora te digo todavía más; presta atención a mis palabras: yo quiero hacerme cristiana.
Daciano, estupefacto exclamó:
-¡Oh dolor! ¿Qué es lo que oigo? Pero, ¿es que también a ti te han seducido?
En aquel momento el gobernador mandó que colgaran a su esposa por los cabellos de una viga, y que la azotaran sin piedad hasta que muriera en el tormento.
Mientras padecía este suplicio, Alejandra, mirando a Jorge que se hallaba presente, le dijo:
-¡Oh Jorge, luz de la verdad! ¿Qué va a ser de mí pues voy a morir y no estoy bautizada?
El santo le respondió:
-¡Hija mía! No te preocupes por esto. La sangre que estás derramando tiene en este caso el mismo valor que el bautismo y equivale a una corona de gloria.
Al poco rato, la esposa de Daciano, sin dejar de orar al Señor mientras pudo, expiró.
Daciano, en cuanto expiró su esposa, condenó a Jorge a ser arrastrado por la ciudad hasta llegar al sitio en que había de ser decapitado, al día siguiente se ejecutó la sentencia. El santo, antes de morir, rogó al Señor que se dignara conceder a cuantos le pidieran algo por mediación suya lo que solicitasen, y mereció oír una voz que decía desde lo alto: "Ten la seguridad de que este ruego tuyo ha sido escuchado en el cielo y será tenido en cuenta". Acto seguido el verdugo segó la cabeza del invicto mártir. Su muerte ocurrió en tiempo de los emperadores Diocleciano y Maximiano, que iniciaron su gobierno hacia el año 287 de la era cristiana. 
La leyenda del dragón. La leyenda más difundida de San Jorge es sin duda la del dragón, en la cual se nos presenta a nuestro santo como un soldado o caballero que lucha contra un ser monstruoso (el dragón) que vivía en un lago y que tenía atemorizada a toda una población situada en Libia. Dicho animal exigía dos corderos diarios para alimentarse a fin de no aproximarse a la ciudad, ya que desprendía un hedor muy fuerte y contaminaba todo lo que estaba vivo. Al final ocurrió que los ganaderos se quedaron casi sin ovejas y decidieron que se le entregara cada día una persona viva, que sería escogida bajo un sorteo. Un buen día, le toco la "suerte" a la hija del rey, pero, cuando el monstruo iba a comérsela, San Jorge la salvó. Es por ese motivo que en Cataluña, San Jorge (Sant Jordi) es el patrón de los enamorados. La leyenda de San Jorge fue escrita en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su célebre obra "La Leyenda dorada". 
En esta leyenda de San Jorge y el dragón podemos descubrir que todos estamos llamados a ser un caballero, no solamente para salvar princesas bonitas como la que se nos narra, sino para salvar a aquellas personas que tanto sufren en nuestra sociedad. El dragón simboliza el mal de nuestro mundo: pobreza, insolidaridad, hipocresía. 

San Jorge es el patrón de Cataluña, Aragón y de los siguientes países: Georgia, Grecia, Inglaterra, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia y Serbia. También es el patrón de los caballeros y de los "Boy Scouts", y en Cataluña de los enamorados y de algunos campesinos que le imploran por sus campos de cebada. ¿Por qué san Jorge fue elegido patrono de Aragón?
Indudablemente que tiene que ver con el momento guerrero de la expansión del Reino de Aragón en el siglo XIII. San Jorge aparece a los ojos de los nobles aragoneses, y especialmente de su rey, como el prototipo del soldado aguerrido y sin miedo, dispuesto a hacer grandes hazañas por su Dios. Es una especie de anticipo del caballero medieval, modelo de valentía, generosidad y perseverancia. Seguramente que Jaime I incorporaba, a los ojos, de los aragoneses de ese tiempo, una especie de nuevo San Jorge, no tanto en su aspecto martirial, sino en su valentía y en su lucha contra el mal.

Volviendo a San Jorge y en el terreno de la arquitectura, existe un antiguo santuario en Huesca, en el campo donde es fama se libró la batalla de Alcoraz, y una iglesia en Zaragoza, en la plaza de San Jorge, dedicada al Sagrado Corazón, y regida por la Compañía de Jesús. Esta iglesia es muy hermosa, de factura gótica moderna, con amplios ventanales y colindante con las excavaciones romanas que se hacen en los alrededores. 
Hemos llegado así al final de este pequeño recorrido, en parte histórico y en parte adornado por la leyenda. Quisiera terminar con la oración que leí en el artículo sobre San Jorge que ofrece Internet y que se la ofrezco como invocación al santo en estos momentos que vivimos:

Oración a San Jorge
San Jorge, queremos recordarte como te recuerda la antigua tradición. Tú abandonaste los éxitos militares y distribuiste tus bienes entre los pobres. Tú abandonaste a los dioses poderosos del Imperio para seguir al Mesías crucificado. Tú abandonaste la seguridad de tu linaje para unirte a la comunidad de los cristianos. Tú diste la vida por amor al Evangelio. San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Nos gusta recordarte en la luz de la primavera y de la Pascua; nos gusta recordarte potente en el combate contra todo dolor y toda esclavitud. San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Ayúdanos a enamorarnos del Evangelio, ayúdanos a vivir esa fe que tú tan intensamente viviste, ayúdanos a hacer posible que todo el mundo pueda sentir la felicidad de la primavera.
 

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